Menos mal que existía AIG y que eso nos hacía descansar tranquilos. Hace no tanto tiempo en las salas de estar de muchas casas, los intermedios de las series de televisión estaban adornados con anuncios de la mega aseguradora. Un niño muy tierno despertaba a sus padres en medio de la noche y, en vez de pedir un vaso de agua o decir que tenía miedo del coco, les preguntaba aterrorizado si la familia estaba protegida de todo tipo de peligros. "No te preocupes que estamos con AIG" le respondía su padre. Lo peor de todo hoy no son las pagas extras, el escándalo político o el desastre económico. Lo peor es que a estas alturas ese niño parece una criatura repulsiva y no me extrañaría que su carrera como actor haya acabado para siempre.




