El último café de Bush en la Casa Blanca se lo ha tomado con los Obama. El hombre piensa ya en el libro que quiere escribir. Reconozco que la despedida final, cuando montó en el helicóptero, me enterneció.Le imaginé por primera vez como un abuelete inofensivo y de lágrima fácil. La manera en la que achuchó a Michelle parecía la de un padre con su hija.
Demasiadas misas y rezos. Es cierto que toda la historia de este país está impregnada de religión pero el día de la jura empezaron rezando, la toma de posesión tuvo dos reverendos y la comida en el Capitolio otros dos. Para guardar el video de los cánticos en la Catedral el miércoles. Los Clinton estaban en su salsa, respondiendo a voz en grito a los coros. Era la clásica ceremonia hecha a la medida de la élite blanca y progresista del barrio de Georgetown. Los Obama no sabían donde meterse. Creo que Michelle ha debido de echar de menos los sermones del reverendo Wright y el ritmo de su iglesia baptista.
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Quizás sea la primera foto de Obama dentro de la Casa Blanca. Acababa de entrar después de la cabalgata y anrtes de cambiarse de traje para empezar la noche de baile. Fue distinta. El hombre movió la cadera y bailó con gente que no conocía de nada. Un detalle para guardar fue el escenario del baile dedicado a la gente, el primero de la noche. Nunca antes había visto el sello del Presidente de EEUU proyectado en una pantalla gigante con ráfagas de luces de colores a su alrededor como si fuese el lógotipo de una marca de ropa surfera.