Todos los banqueros americanos que fueron apuntados como culpables de la crisis siguen viviendo de puta madre, dándose baños en sus depósitos llenos de dólares, diseñados por el mismísimo Tío Gilito. Estaba claro. Algunos dirán que la historia se repite ahora en España. No, perdón. No es, ni mucho menos, la misma historia. En 2009 los americanos tuvieron la oportunidad de escupir a Mr. Scrooge durante unos días en la plaza pública del Congreso. Los políticos, por cuyas venas corre la misma sangre negra avariciosa, se disfrazaron entonces de granjeros de Iowa para trasladar la catarata de insultos que salían de la garganta de sus votantes. Todo fue un ejercicio de drama, un gol en televisión, una miniserie de ficción, un grito de catarsis. Los banqueros ni siquiera tuvieron que responder preguntas. Las normas del país que les hizo ricos también les permitían ahora guardar silencio. Pero esa tarde sin parar de recibir, poniendo caras largas, consultando a sus abogados, esa escena donde todo Estados Unidos les aplastó mientras contemplaba su facha, marca la diferencia. Aquella noche muchos americanos se fueron a la cama aliviados, con la sensación de haber echado una abundante meada sobre los salones “estilo imperio” de las millonarias casas de los padres de la crisis. Esa meada cuenta, y mucho. Ese es el objetivo único de una Comisión de Investigación de este tipo. Poder gritar “¡sois unos grandísimos hijos de puta!”. Los americanos lo hicieron. Los españoles no podremos. Claro, ya se sabe lo simples y teatreros que son los gringos. Ahora nos cuentan aquí que hay un subcomité que se ocupa de esto, que lo de Bankia es complejo, que mejor no hablar ahora, que hacen falta más datos, bla, bla, bla... La única razón es que España, en cuestiones de democracia, es infantil, con políticos mediocres que se educan cortejando al que les pone en la lista en vez de peleando por el voto. Un patetismo oculto bajo una pátina de aburrimiento, protocolos, coches negros y falsa seriedad que sólo busca abrumar a la gente, alejándola de la política. Nada en España se cierra bien. No hay huevos para afrontar las cosas con todas sus consecuencias. Soportamos sin rechistar políticos cobardes. Es dificil que alguién se fíe de un gobierno que teme algo tan sencillo como poder echar una buena meada. Igual salpica demasiado.




