
Todo Occidente disfruta de regímenes democráticos, pero hay países que descubrieron lo que era este invento y llevan siglos de ventaja. En la jóven democracia española, la apatía que paseamos los ciudadanos por el debate de las ideas tiene su paralelismo en el desprecio con el que nuestros políticos miran hacia la plebe. Sólo de forma tímida se acercan a ella durante las campañas electorales. Lo siento, pero desde la distancia, los besos en los mítines suenan a las monedas que regalaban los señoritos cuando visitaban a los campesinos analfabetos. Pasado el mal trago de la campaña, todo vuelve a su sitio, y sus senorías amplían por cuatro años más sus contratos con la empresa publica. El gesto máximo de ese desprecio es que el recien elegido no se digne a explicar a los que le han votado en masa cuales son sus planes. Sólo lo hace con sus secuaces, los que tienen el dinero, los que mandan... sólo con los que pueden entender la seriedad de lo que está pasando. La plebe, al fin y al cabo, se conforma con cuatro gritos sin contenido. Si nadie ha reclamado el programa durante la campaña, ¿por qué vamos ahora a exigir explicaciones? Votamos a ciegas, para echar a un tipo que nos ha parecido debil para un país como el nuestro, que tiene que pintar mucho más, ¡un país a la puertas del G8! El nuevo líder no puede perder el tiempo en explicaciones a los súdbitos, porque no hay tiempo que perder. ¡Qué se aguanten, ya se enterarán! Bueno, pues resulta que España es una miredecilla como país comparado, por ejemplo, con EEUU. Ni por tamaño, población, economía, influencia en el mundo... También en USA los problemas son mayores, y afectan a todo el planeta. Cuando Obama ganó en 2008, la crisis económica daba su primer latigazo. Había mucho que hacer y no se podía perder tiempo. ¿Por qué entonces concedió 4 ruedas de prensa abiertas en 22 dias? ¿Cómo se atrevió, en esas tres semanas, a regalar dos entrevistas a la televisión? ¿por qué batió todos los records de accesibilidad de la prensa en un Presidente electo? Porque no haberlo hecho, habría sido un desprecio absoluto hacia sus ciudadanos, habría ido en contra de lo que debe ser un líder, habría resultado completamente antidemocrático. En España todo eso no importa. El líder puede estar en silencio, y es normal. Nos dirán que los americanos tienen otro sistema, que es un país presidencialista, que son muy teatreros, que aquí somos mas sobrios, que la tele está hecha para los cotilleos, etc. Pamplinas. La diferencia son siglos de práctica democrática mezclados con la tozudez española de pensar que tenemos muy poco que aprender. Tan culpables de todo esto son los mediocres políticos que padece nuestro pequeño y orgulloso país, como la pasividad, la pereza y la división de la que hacemos gala a la hora de construir nuestra patria.