No hay duda de que son los genios de la tele. Hasta el americano del pueblo mas hundido en la America profunda sabe mirar a una cámara y hacer una declaración de 20 segundos redonda. En ese planeta, en el que los periodistas aún pueden vivir de su trabajo, está el caso del niño bonito Anderson Cooper, forrado hasta decir basta por razones familiares, pero currante como el que más. Esta temporada estrenó su show con discretas audiencias de un millón de espectadores por programa. En todo caso, no se puede comparar a nada de lo que hay en España. Lo siento mucho, pero con lo que ha pasado en la tele de nuestro país en los últimos años, todo lo que se hace en USA, absolutamente todo, esta a un nivel superior. El público, por ejemplo, le pregunta por sus periodistas favoritos o cuáles son las reglas para ser un buen informador... y el tipo responde de forma inteligente para gente inteligente. ¡Claro que alimenta su propio ego hasta limites galácticos!, pero la respuesta no es ninguna chorrada que deba terminar en risas. Bueno, pues además de todo esto, están luego los jefes de su empresa. Han pensado a medio plazo... y le han renovado por una temporada más. Ven potencial y arriesgan. Envidiable (y como remate, no os perdais el decorado en el que actua el chaval...)




