Se afilan los cuchillos de lo que se anuncia como la guerra que viene. En un país en el que viven 300 millones de personas, 50 no tienen seguro médico. Los que se oponen a que exista un sistema sanitario público han conseguido durante décadas hacer creer a casi todos que es una mala idea, que el ogro del Estado se hará dueño de la libertad de los individuos, que es mejor no tener médico que te atienda uno pagado con los impuestos de todos. ¡Porque los impuestos son malos y yo hago con mi dinero lo que me da la gana! Para los recien llegados este es un breve resumen de cómo funcionan aquí las cosas. La sanidad de los pobres y de los jubilados corre a cargo de las arcas públicas. El resto se lo tiene que pagar. Es habitual que las empresas grandes se hagan cargo de estos gastos, que lo incluyen como parte de los beneficios a sus empleados. El problema son las empresas pequeñas, los trabajos basura, los autónomos o los que no tienen nada pero no son considerados pobres de forma oficial. Para todos esos sólo hay una receta. Págatelo tú o no tendrás médico. A pesar de funcionar fatal, los gastos de Seguridad Social en EEUU son los más altos percapita del planeta. Clinton lo intentó arreglar en los 90, a través de su impetuosa y arrogante esposa que creyó poder con los lobbies de las empresas. Fue un esfuerzo inutil, en parte por campañas en la televisión como la de Harry y Louise. Ahora Obama vuelve al ataque con un híbrido de sanidad pública y seguros privados más baratos. La guerra está servida y será dura. El sábado Obama ya avisó que está preparado para la lucha. Los grupos de presión también lo están aunque las cosas han cambiado. En los 90 los republicanos dominaban a las masas, hoy son los demócratas los que controlan Internet. Todas los seguros de entonces estaban en contra de los cambios, hoy no está tan claro. Y luego están Harry y Louise...se han hecho mayores, y ahora votan por Obama.




