Durante los años dorados de Bush ha bastado con llamar a alguien liberal para marcarle de por vida como alguien que desprende azufre endemoniado. Ted Kennedy ha cargado con esa cruz durante años, era lo más parecido al demonio para los republicanos conservadores. Durante esta campaña los mismos han intentado tumbar a Obama con el mismo adjetivo. No ha funcionado así que McCain lleva semanas bajando un peldaño más en el infierno de la izquierda y ha sacado de las tinieblas la palabra socialista para aplicarsela al demócrata. Está teniendo efecto. El gobernador demócrata de Pennsylvania ya ha advertido a los suyos que se anden con cuidado porque los republicanos están avanzando a base de meter miedo con los rojos. Ha habido quien ha llegado aún más lejos. Obama no es socialista, es marxista. Una presentadora de una tele del disputado voto de Florida se lo ha soltado de forma más o menos rotunda a Joe Biden. El candidato ha enseñádo su sonrisa blanca llena de implantes de porcelana y le ha preguntado si le estaba gastando una broma. De broma nada. La mujer iba en serio. ¿Cuántos como ella lo pueden pensar? Marx era el que faltaba.
(Por cierto, Ted Kennedy ha vuelto a su casa de Washington para trabajar en la ley de Seguridad Social que promueve desde hace meses).




