En el sitio más alucinante de Estados Unidos algo extraño tenía que pasar. Hablando un poco de la intrahistoria de la tele, es sabido que los lugares en los que hacemos los directos suelen tener fondos maravillosos que quedan muy bien en cámara, mientras lo que hay detrás es feo y desorganizado. Cables por todas partes, focos, escaleras y demás accesorios. Nada hasta ahora comparado con lo que nos ha pasado en Anchorage. ¡Lo qué ha habido que hacer para que saliesen las montañas de Alaska en la tele! Primero, entrar en el cuarto de los trastos del hotel, escalar por la ventana y salir a una especie de bordillo, desde ahí subir por otra escalera hasta llegar al techo del parking en el que estaba instalado un tenderete donde hemos montado todo el aparataje. Añádase a esto un poco de viento, algo de frío, prisas y unas cuantas cajas que ha habido que transportar para llegar a la meta. En definitiva, la tele que se ve es mentira.




