Igual que cuando terminó la Convención Demócrata, renunció aquí a hacer un sesudo análisis de lo que ha sido. Miles de artículos y centenares de comentaristas de televisión y radio ya lo han hecho mucho mejor de lo que podría hacerlo yo. Así que me voy a dedicar a dejar tres o cuatro sensaciones de la gran noche de McCain, empezando por el final, los globos. Verlos caer es un espectáculo aunque lo mejor llego con el sonido. Aquello parecía una sangría del viejo oeste. Los globos grandes eran difíciles de explotar pero los pequeños caían como moscas.
Antes de los globos del final hubo un largo adiós que comenzó con el discurso de presentación de John McCain he hizo su esposa Cindy. Un detalle sobre este rato. Uno, lo bonito que hacía la pantalla gigante detrás de la rubia de bote con el estadio a oscuras. Ya lo conté hace días. A mi me ha gustado bastante el escenario, con fotos impresionantes adornando los aburridos discursos de los republicanos.
En las cabinas desde las que los periodistas seguíamos las palabras de
Mac sólo nos hacíamos una pregunta ¿Qué demonios es ese edificio?
Estuvo ahí durante los primeros minutos del speech. En plano corto
McCain parecía estar delante de un croma de los que usan los hombres
del tiempo. Horroroso. La solución al asunto se puede encontrar en el
nuevo blog de un nuevo corresponsal aquí en Washington. Se llama Calle 16 y es para no perdérselo. Agudo, divertido e irreverente.
Antes de acabar, la solución al enigma de las bolsas de todo a 100. Los regalitos eran para Tom Brockaw, Pat Buchanan y Brian Williams, de NBC.




