Se alquila Casa Blanca ha superado ya un mes de vida así que para celebrarlo he decidido cumplir con una agradable obligación. Este blog no podría estar escrito en Washington ni yo sería un verdadero corresponsal si no me acordase aquí de Conchita. No soy ni mucho menos el primero. Amigas como Tatiana López ya han retratado con maestría las peripecias de esta gallega instalada en frente de la Casa Blanca. Lleva ahí Conchita desde 1981, entre la denuncia y la demencia, con su casco en la cabeza envueto en una peluca para protegerse "de los rayos láser que me disparan desde la Casa Blanca y que me han destrozado la dentadura." Empezó su lucha reclamando la custodia de su hija, y ha seguido protestando contra las guerras, las injusticas y los sionistas, sobre todo eso. Duerme medio sentada debajo de una sombrilla forrada de plásticos "para que no me echen de aquí, porque si me tumbo me echan"; tiene una bici; va al servicio del McDonalds y se ducha en una misteriosa oficina que dice tener. No sería extraño. Amigos no le faltan. Una de ellas le ha hecho hasta una página web con toda su historia. Es foto inevitable para los turistas que paran por aquí. Por delante de ella han pasado ya cinco Presidentes. Si venís por Washington, traedle algún recuerdo con la banderita de España. Si se habla mucho con ella descubre que echa de menos Galicia, que le gustaría volver, aunque no puede porque su lucha sigue aquí. Conchita, la española que mereció vivir dentro de esta Casa Blanca en alquiler y que ha preferido quedarse fuera, entre plásticos, día y noche. Por dignidad.








