En la ciudad de Washington, rendida desde el principio ante Obama, era duro admitir que Hillary le pisaba los talones al candidato. A regañadientes, la megatienda de recuerdos que hay cerca de la Casa Blanca tuvo que llenar sus estantes con un cascanueces que presentaba a Hillary fuerte y con un juego de piernas de acero imbatible. El negocio era el negocio y había que asumir que Clinton tenía tirón. El dueño del local respira desde hace unas horas aliviado con los resultados de este martes en Indiana y Carolina del Norte y ya ha perdido el poco respeto que tenía por la candidata. No busque en los estantes a la HIllary de acero porque ya la han retirado de sus superventas. La nueva estrella es la "senadora desatascadora de wateres." En eso ha quedado. Al enemigo, ya se sabe, ni agua. Por lo menos, nada de agua del grifo. En esta carrera tan llena de sorpresas quizás se están adelantando un poco, o quizás no. En el "índice de naufragio" que publica Slate la senadora se ha hundido otro 8%. Así que parece que de una u otra manera va a tocar agua por algún sitio. (mis agradecimientos a Reginald Perrin que ha inspirado el título de este post.)




