Desde la entrada del Cementerio de Arlington se pueden tomar dos direcciones. Una cumple con los requisitos de todas las guias turísticas que se acuerdan en sus páginas de los muertos famosos: la llama eterna de la tumba de Kennedy, la lápida a su lado con el apellido Onassis, la pequena cruz de madera para recordar al buen hermano Robert, los pulverizados astronautas del Challenger...Hay otra ruta, en dirección contraria, que conduce realmente al cementerio. La parcela 60 de Arlington, la pradera donde se entierra a los muertos en combate de la Guerra de Irak. Tierra fresca y lagrimas. En Noticias Cuatro ya contamos el empacho de muerte de esta parte de Washington. Los últimos resquicios de vida se aferran a las lápidas de estos soldados. Cuentan historias de chavales veinteaneros, de hispanos recien llegados, de familias acabadas antes de empezar. Proyecto Arlington es un intento de sugerir en este blog, a través de imágenes, la historia que encierra cada una de esas lápidas, antes de que se conviertan en un reclamo turístico en las guias del futuro.





