McCain acababa de ganar las Primarias de Florida. La fiesta se preparaba en el hotel Hilton, cerca del aeropuerto de Miami. Las celebraciones republicanas tienen poco que ver con las de los demócratas. Poca gente, ordenada, mezcla de fans eufóricos, exiliados cubanos y jóvenes preppys con corbata de nudo ancho. Minutos después de que las pantallas gigantes anunciasen los resultados aparecía el candidato. Sin servicio secreto y saludando desde una pequena tarima que le separaba muy poco de los suyos. Todo muy natural hasta que empezó a hablar. La única pantalla que había estado apagada toda la noche se encendió... para empezar a dictar lo que el candidato tenía que decir. Así, durante veinte minutos, McCain leyó. Los periodistas que le siguen habitualmente no se soprendieron mucho. De los tres candidatos, es el que tiene menos tablas a la hora de improvisar un discurso. Las pocas veces que lo ha intentado se ha metido en problemas, como cuando bromeó con bombardear Iran
. Al veterano de Vietnam con los huesos de los brazos rotos y problemas de articulación le resulta incomodo llevar notas en la mano. Así que cuando le vean con cara sería mirando fijamente a alguien, sepan que ese alguien puede que sea sólo algo.






